Cuando todo sigue doliendo

Ya pensionado, haciendo un recuento de los compañeros que pasaron por mi vida, me acuerdo de ese joven despistado y perezoso, que quería ser jefe sin siquiera mover la mano derecha si la izquierda no le daba permiso. Nunca llegó a nada. Hoy entiendo: no todo lo que empezó… debía quedarse.

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