Hoy me detuve a ver a unos niños jugando en esa cancha nueva del parque, y pensé: antes, nuestros arcos eran dos piedras, y nuestro césped, la calle – y éramos más felices que marranos estrenando lazo.
Hoy me detuve a ver a unos niños jugando en esa cancha nueva del parque, y pensé: antes, nuestros arcos eran dos piedras, y nuestro césped, la calle – y éramos más felices que marranos estrenando lazo.