Aún recuerdo cuando, en el descanso, la subalterna me saludaba con esa melosería llena de hipocresía — y yo le respondía con la misma cortesía, para no dañar el rato.
Aún recuerdo cuando, en el descanso, la subalterna me saludaba con esa melosería llena de hipocresía — y yo le respondía con la misma cortesía, para no dañar el rato.