Iba caminando por la calle y vi a una señora con sus hijos pidiendo limosna. El desconsuelo en su cara se me quedó grabado más de lo que esperaba – y entendí que existen dolores que no solo te cambian por fuera, sino también por dentro.
Iba caminando por la calle y vi a una señora con sus hijos pidiendo limosna. El desconsuelo en su cara se me quedó grabado más de lo que esperaba – y entendí que existen dolores que no solo te cambian por fuera, sino también por dentro.