Cuando todo sigue doliendo

Una noche, en casa, hacía un recuento del regaño que me dieron en el trabajo, y no sabía cómo contarlo sin que sonara a pendejada. Entendí entonces que hay cosas que no se cuentan – no porque sean secretas, sino porque no sabes por dónde empezar. Y con el tiempo, te acostumbras a cargarlas en silencio.

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