Con la pensión llegó algo que no esperaba: ya no te afeitabas por obligación, para salir a trabajar. Hoy lo haces porque te nace – solo por verte bien en el espejo, sin que nadie te lo exija.
Con la pensión llegó algo que no esperaba: ya no te afeitabas por obligación, para salir a trabajar. Hoy lo haces porque te nace – solo por verte bien en el espejo, sin que nadie te lo exija.