Cuando trabajaba y llegaba el fin de agosto, la cuota seguía sin alcanzarse — cada jornada tenías menos tiempo, más presión y más malas caras a tu alrededor, que te impedían avanzar con tranquilidad.
Cuando trabajaba y llegaba el fin de agosto, la cuota seguía sin alcanzarse — cada jornada tenías menos tiempo, más presión y más malas caras a tu alrededor, que te impedían avanzar con tranquilidad.