Cuando arreglas el carro, muchas voces te alientan desde lejos — pero el vecino al que solo saludabas, el que se engrasó las manos por ayudarte sin que se lo pidieras, te puede dejar sin palabras.
Cuando arreglas el carro, muchas voces te alientan desde lejos — pero el vecino al que solo saludabas, el que se engrasó las manos por ayudarte sin que se lo pidieras, te puede dejar sin palabras.