Cuando regresé de Venezuela, me tocó comenzar desde cero. En esos días miraba la cara de mi hija, que en silencio me daba ánimos, y yo me repetía una y otra vez: no importa la tempestad que estés pasando, recuerda que al final vendrá la calma.
Cuando regresé de Venezuela, me tocó comenzar desde cero. En esos días miraba la cara de mi hija, que en silencio me daba ánimos, y yo me repetía una y otra vez: no importa la tempestad que estés pasando, recuerda que al final vendrá la calma.