Hay días en que, en casa, paso cerca del comedor y veo ese reloj de pared que me regaló la empresa en un cumpleaños — y me digo: ya es mi tiempo, no el de la empresa, el que disfruto.
Hay días en que, en casa, paso cerca del comedor y veo ese reloj de pared que me regaló la empresa en un cumpleaños — y me digo: ya es mi tiempo, no el de la empresa, el que disfruto.