Un día no tenía dinero para comprarle a mi esposa el ramo de flores que quería regalarle. Solo me alcanzó para una flor. Cuando se la entregué, me sonrió y me dijo: “También esos pequeños detalles cambian tu vida”. Desde entonces entendí que el valor de un regalo nunca depende de cuánto te costó, sino del amor con que lo das.