Hoy me puse una corbata, después de casi tres años sin usarla, y me llegaron a la mente todas esas veces que, cansado o hasta con rabia, después del trabajo, me la quitaba como quien se quita también el peso del día – porque en el trabajo nunca faltaba el hipócrita, o el mártir de turno que tira la piedra y esconde la mano. Hoy, con la corbata puesta de nuevo, la sentí solo como disfraz, no como carga.