Alguien me decía que la vida de ahora es mejor que la de antes, y yo le decía que no. Antes teníamos amigos reales, de carne y hueso, que hacían maldades que hoy serían bobadas – tocábamos un timbre y salíamos corriendo. Hoy ni siquiera podrías hacerlo: la cámara mostraría que fuiste tú. Esa amistad de correr juntos y reírnos después, esa sí que ya no existe.