La vida cambia, y las costumbres también. Hoy compras una cometa en un semáforo o en cualquier esquina. De niño, tocaba caminar un buen tramo buscando la madera para hacerla uno mismo, rogarle a mi mamá que me diera esa sábana vieja para la cola, y buscar el palo correcto para enrollar la pita. Pero todo ese sacrificio valía la pena cuando veías tu cometa bien alta, pidiendo más pita. Hoy se compra en un minuto lo que antes se ganaba en una tarde entera.